Algo pasó con mis recuerdos
Pero después de recorrer el viejo pueblo entre las cenizas, sólo una casa quedó. La mismísima casa era del viejo Charlie.
Él era un hombre no muy agradable, pero sabio. Él no había creído en los pensamientos locos de que algo malo le iba a pasar al pueblo, por eso permaneció en su casa, y sentado en su sillón leyendo el diario. Cada tanto se asomaba y veía como todos enloquecían. Cuando vi su casa, me acerque y le dije:
-Usted sí que es sabio.
Él respondio con una mirada obvia y dijo:
-Sí, lo sé.
Me alejé y me fui del pueblo. A partir de ese día estuve triste. Pero seguí el ejemplo del viejo Charlie que me ayudó mucho: nunca creas en todo lo que la gente puede llegar a decir.
Llegué a mi casa y me recosté en el sillón. Le conté a mi hija sobre su casa, se entristeció y se sintió mal por haber creído en la locura de que algo malo le iba a suceder al pueblo.
